
Ayer pudimos presenciar la foto con la que soñaba Joan Laporta. El presidente del F.C Barcelona, anunció junto a Pep Guardiola y Txiki Beriguistain la renovación del técnico culé hasta 2011. Un acuerdo que estará condicionado a la voluntad del nuevo presidente que saldrá elegido en las próximas elecciones del próximo verano.
Laporta quiere dejar su sello en el F.C. Barcelona y por eso, ayer montó un teatrillo a costa de su entrenador para facilitar la llegada al poder de su sucesor, alguien que aún está por definir.
No estamos ante un novato pues conoce perfectamente a la sociedad catalana y más concretamente a la blaugrana y su comportamiento ante unos comicios de estas características.
Lo dejó claro metiéndose en un charco él solito: “Esto es el octavo título”, un título que se ha conseguido bajo su mandato y que obliga a su sucesor a mantener a Guardiola en su cargo. Se trata de una condena para el presidente que venga, si éste no es de la línea continuista de Laporta, ya que su capacidad para llevar a cabo un proyecto propio se verá condicionado desde el origen: la selección del entrenador.
Por otro lado, Guardiola nunca quiso anunciar su continuidad a estas alturas. Quería continuar si el próximo presidente así lo deseaba. Arrastrado por su presidente y acosado por la prensa y la sociedad catalanas, Pep ha decidido anteponer la estabilidad del club que quiere y no el suyo personal. Eso sí que es un título moral para el Barça y no el 2-6 del Bernabeu.
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